Después del viaje apostólico que realizó a Canadá, y del periodo de vacaciones de verano el Papa Francisco realizó nuevamente la audiencia general este miércoles 3 de agosto. Audiencia en la que compartió las tres etapas de su viaje: Memoria, reconciliación y sanación.

Describió que fue “viaje diferente a los otros” ya que cuya motivación principal era la de expresar su cercanía y pedir perdón a los pueblos originarios por el daño causado por las políticas de asimilación forzada y liberación en las que participaron muchos católicos.

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    “Caminar juntos”, lema del viaje apostólico, es “un camino de reconciliación y de sanación, que presupone la conciencia histórica, la escucha de los supervivientes, la toma de conciencia y sobre todo la conversión, el cambio de mentalidad”. Una profundización que se viene realizando en Canadá y que revela que junto a hombres y mujeres de Iglesia valientes defensores de la dignidad de las poblaciones autóctonas, no han faltado los que han participado en programas “inaceptables y contrarios al Evangelio”.

    Memoria

    El Papa definió el viaje como una “peregrinación penitencial” la cuál se desarrolló en tres etapas: en Edmonton, en la parte occidental del país; en Quebec, en la parte oriental y en el norte, en Iqaluit.

    El primer encuentro tuvo lugar en Masqwacis – “La colina del oso” – donde se dieron cita jefes y miembros de los principales grupos indígenas de todo el país: Primeras naciones, Métis e Inuit. Juntos hemos hecho memoria: la buena memoria de la historia milenaria de estos pueblos, en armonía con su tierra, y la memoria dolorosa de los abusos sufridos, también en las escuelas residenciales, a causa de las políticas de asimilación cultural”.

    Momentos en los que no faltaron el silencio y la oración “para que  la memoria pueda volver a iniciar un nuevo camino, ya sin dominadores y súbditos, sino solo hermanos y hermanas”.

    Reconciliación

    “Después de la memoria, el segundo paso de nuestro camino fue el de la reconciliación. No un acuerdo entre nosotros – sería una ilusión, una puesta en escena – sino un dejarse reconciliar por Cristo, que es nuestra paz”. Explicó que el símbolo de esta etapa fue la figura del árbol, central en la vida y en la simbología de los pueblos indígenas. Dijo: “El árbol, cuyo sentido nuevo y pleno se desvela en la Cruz de Cristo” y que transforma “el dolor en amor, la muerte en vida, la desilusión en esperanza, el abandono en comunión, la distancia en unidad”.

    Las comunidades indígenas que han acogido y asimilado el Evangelio nos ayudan a recuperar la dimensión cósmica del misterio cristiano, en particular de la Cruz y de la Eucaristía. En torno a este centro se forma la comunidad, la Iglesia, llamada a ser una tienda abierta, espaciosa y acogedora, la tienda de la reconciliación y de la paz”.

    El Aula Pablo VI repleta de fieles y peregrinos de todo el mundo
      El Aula Pablo VI repleta de fieles y peregrinos de todo el mundo

      Sanación

      Este tercer momento fue descrito por el Papa como la de la sanación que se realizó en la orilla del lago Santa Ana, precisamente en el día de la fiesta de santos Joaquín y Ana. Un lugar significativo, porque para Jesús el lago era un ambiente familiar y que en el lago de Galilea vivió buena parte de su vida pública.

      Todos podemos tomar de Cristo, fuente de agua viva, la Gracia que sana nuestras heridas: a Él, que encarna la cercanía, la compasión y la ternura del Padre, hemos llevado los traumas y las violencias sufridas por los pueblos indígenas de Canadá y del mundo entero; hemos llevado las heridas de todos los pobres y los excluidos de nuestras sociedades; y también las heridas de las comunidades cristianas, que siempre necesitan dejarse resanar por el Señor”.

      Representantes de comunidades indígenas de Brasil presentes en la Audiencia general del Papa
        Representantes de comunidades indígenas de Brasil presentes en la Audiencia general del Papa

        Esperanza

        El Papa concluyó su catequesis hablando del último encuentro que tuvo en Canadá con la población de los Inuit, donde el encuentro entre los jóvenes y los ancianos es un signo de esperanza.

        También en Canadá es un binomio-clave, es un signo de los tiempos: jóvenes y ancianos en diálogo para caminar juntos en la historia entre memoria y profecía. La fortaleza y la acción pacífica de los pueblos indígenas de Canadá sea de ejemplo para todas las poblaciones originarias a no cerrarse, sino a ofrecer su indispensable contribución para una humanidad más fraterna, que sepa amar a la creación y al Creador”.

        Puedes ver la audiencia general de este 3 de agosto del 2022 completa aquí.

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