Ya han pasado las elecciones, y los resultados de las votaciones han sido dados. Un nuevo gobierno está en camino de conformarse y las personas que votaron se ocuparon de su deber ciudadano. 


Las preguntas que hacerse

Pero, ¿qué sigue después?, ¿hasta dónde llega nuestra responsabilidad ciudadana y cómo podemos ejercer una participación activa en la vida pública?, ¿qué tiene que ver la política con mi fe? Las respuestas a estas preguntas son bastantes sencillas. 

En el artículo pasado, mencioné que la participación ciudadana implicaba involucrarse en la vida pública, ya sea mediante la participación política directa en el gobierno, mediante la exigencia social del cumplimiento de las promesas de campaña de los candidatos, o inclusive con el involucramiento directo en actividades comunitarias o de caridad con el prójimo. 

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    La participación ciudadana implica involucrarse en la vida pública

    ¿Qué sigue después de las elecciones?

    Lo que sigue después de unas elecciones es el mantenimiento del interés político de la ciudadanía, no ya en los candidatos y las propuestas, sino en sus acciones y en su manera de gobernar. El estar atentos a nuestros gobernantes es parte del deber cívico que tenemos cuando votamos para que nos representen en la toma de decisiones que nos conciernen a todos. 

    El votar por alguien y luego no estar al pendiente es equivalente a contratar a alguien para cuidar una casa y jamás checar su desempeño ni pedirle cuentas. El mínimo deber ciudadano tras un proceso electoral es investigar al ganador y monitorear su desempeño. El mínimo absoluto es saber su nombre, escolaridad y extensión de su responsabilidad (si es presidente municipal, diputado federal, estatal, gobernador, senador o presidente… ¿qué puede hacer?, ¿qué decisiones puede tomar que me afecten directamente). Conseguir esta información es bastante sencillo. Basta con buscarla en Internet, o si se pretende ser más específico, buscar en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos ( Artículos constitucionales: 115 (presidente municipal), 50-79 (diputados y senadores), 116 (los Estados de la República), 89 (facultades presidenciales).


    Responsabilidad y poder de los ciudadanos

    Una vez que sabemos quiénes nos gobiernan y qué pueden hacer (cuál es la extensión de su poder político sobre nosotros), sigue preguntarnos, ¿qué poder tengo yo con respecto a ellos? La respuesta a este cuestionamiento es: MUCHO. Los ciudadanos tienen mucho poder frente a sus gobernantes, y por lo tanto mucha responsabilidad. 

    Las responsabilidades ciudadanas son muy amplias, y la participación en la política del día a día es fundamental. 

    Una vez que comenzamos a estar atentos es cuando podemos empezar a evaluar si se están haciendo las cosas bien o no, y por lo tanto podemos exigir que se hagan bien. Como ciudadanos tenemos la responsabilidad de señalar lo que está mal y exigir que se haga correctamente; sin embargo, debemos exigir proactivamente, proponiendo soluciones o incluso ofreciendo ayuda para solucionar el problema. 

    Es no sólo de buen ciudadano, sino de buen cristiano, ayudar al prójimo e involucrarse para solucionar los problemas. Esto va desde el ámbito municipal al federal. 

    Si puedes ayudar en algo a tu gobierno a que mejore las condiciones de vida de todos, tienes el deber de hacerlo. La responsabilidad ciudadana se empalma con la responsabilidad cristiana de ayudar al prójimo, y con el servicio a la comunidad. 

    Un cristiano que se preocupa por el prójimo y ayuda a que esté mejor, es el ciudadano más comprometido con la buena gobernanza de su comunidad, pues actuará en congruencia con su obligación de ayudar a los demás.

    Ser un buen ciudadano también es ser un buen cristiano - articulo de revista católica La Senda - involucrarse de cualquier manera
      La responsabilidad ciudadana se empalma con la responsabilidad cristiana de ayudar al prójimo.

      El Papa Juan Pablo II, en la encíclica Centesimus Annus, nos dice: “Hoy más que nunca, la iglesia es consciente de que su mensaje social se hará creíble por el testimonio de las obras, antes que por su coherencia y lógica interna”. Este deber cristiano de actuar por el prójimo compagina perfectamente con el deber de la participación ciudadana activa. 

      La extensión de la responsabilidad ciudadana es igual al compromiso que debe tener el cristiano con el ayudar al prójimo, por lo que el ciudadano cristiano debe observar que su gobierno haga su trabajo, debe exigírselo y debe ayudarlo a lograrlo. 

      Las obras sociales, la caridad y las organizaciones de la sociedad civil son maneras de participación ciudadana que responden a responsabilidades cívicas y doctrinales. 


      Para exigir se debe participar activamente

      El Estado Mexicano actual está muy lejos de ser el Reino de Dios en la Tierra, pero la realidad es que nosotros también estamos igual de cerca de ser unos ángeles dignos de habitarlo. 

      Personalmente pienso que para exigir se debe participar activamente, por lo que es fundamental conocer a nuestro gobierno y entender nuestro papel en el mismo, pues aunque no lo sepamos, nuestra fe nos obliga a ser proactivos con la construcción de un mejor país y una mejor sociedad.

      Ser un buen ciudadano también es ser un buen cristiano - articulo de revista católica La Senda - Exigir con participación
        La responsabilidad es clara, debemos involucrarnos en este nuevo gobierno a través de la exigencia a nuestros gobernantes y por medio de acciones de ayuda al prójimo.

        En Juan 13, 34-36, la instrucción está clara: “Les doy un mandamiento nuevo: Ámense unos a otros como yo los he amado. El amor mutuo entre ustedes será el distintivo por el que todo el mundo los reconocerá como discípulos míos”. Si seguimos este mandamiento al pié de la letra cumplimos con Dios y con el César al mismo tiempo, pues seremos reconocidos como hijos de Dios, que además son excelentes ciudadanos. 

        La responsabilidad es clara, debemos involucrarnos en este nuevo gobierno a través de la exigencia a nuestros gobernantes y por medio de  acciones de ayuda al prójimo y a la sociedad, pues sólo así progresaremos como país y cumpliremos con nuestros deberes cristianos y cívicos.

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