El Día Internacional de la Mujer celebra a mujeres comunes artífices de la historia que, traspasando fronteras, se unen para celebrar la lucha en pro de la justicia, la paz y el desarrollo.

Hablar de la mujer es mirarla a través del tiempo, en el que paulatinamente ha recorrido un largo proceso, donde ella ha luchado para conquistar simplemente el lugar que le corresponde como persona en la familia y en la sociedad. 

La Carta de las Naciones Unidas, firmada en 1945, fue el primer acuerdo internacional para afirmar el principio de igualdad entre mujeres y hombres. Desde entonces, la ONU ha ayudado a crear un legado histórico de estrategias, normas, programas y objetivos acordados internacionalmente para mejorar la condición de las mujeres para hacer frente a los desafíos sociales, económicos y políticos en todo el mundo.


Hombre y mujer: creados a imagen y semejanza de Dios

El avance de la mujer se debe en gran parte a otras mujeres que han dejado huella sentando precedentes para que en los diferentes ámbitos resonara su voz, descubriera su identidad y su misión como complementariedad del hombre, ya que al ser creados a “imagen y semejanza de Dios” son iguales en dignidad para vivir en comunión y reciprocidad. 

El propio Jesús fue revolucionario en esta materia por la manera en que se relacionó con las mujeres. Las trató como iguales al hombre en cada aspecto. 

De los textos bíblicos en los que Jesús se relaciona con las mujeres deja cuatro enseñanzas básicas: 1) Jesús reconoce la igualdad social del hombre y de la mujer; 2) un reconocimiento del derecho de la mujer a comunicarse y actuar como persona; 3) rompe con la tradición que sitúa a la mujer en un nivel de dependencia o inferioridad respecto al hombre; y 4) a partir del mensaje liberador de la mujer, ésta puede ocupar un papel activo en la historia de la salvación.

mujer feliz simulando que vuela con un paraguas

Jesús rompe estructuras ante la situación de la mujer: se acerca a ellas (Jn 4,27), tuvo misericordia (Lc 7,36-50), las curó (Mc 5,25-34), las reivindicó en su dignidad (Jn 8,1-11), las eligió como sus primeras testigos de su resurrección (Mt 28,9-10), e incorporó mujeres al grupo de personas que le eran más cercanas (Cfr. Lc 8,1-3); (DA n. 451).


Igualdad en la diversidad

El Documento de Aparecida (DA), para fundamentar la igual dignidad entre varón y mujer, afirma que ambos fueron creados a imagen y semejanza de Dios: mantienen igual dignidad en la diversidad, la dignidad como creaturas con especificaciones propias y núcleos diversos, únicos e irrepetibles. La igualdad se remite al misterio trinitario como fundamento para vivir en una comunidad de iguales en la diferencia, por lo que el hombre y la mujer pueden conformar una comunidad donde cada uno sea reconocido en su dignidad y pueda igualmente abrirse al otro, que es diferente, para compartir la vida, pensamientos, proyectos, ilusiones, fe, desde un profundo respeto y contribuyendo para enriquecerse ambos.

El reconocimiento de la dignidad y la igualdad de la mujer en la sociedad son conquistas que se han dado, aunque todavía, a pesar de los avances en las legislaciones de los países, hay innumerables mujeres que no son valoradas y tampoco se valora ni promueve adecuadamente su participación en la construcción de la vida social y en la edificación de la Iglesia (DA n. 453).


mujer de espaldas disfrutando

Dejando huella

El avance protagónico que han tenido las mujeres, junto con otros grupos sociales, el DA reconoce que fueron sectores desplazados durante mucho tiempo, pero que han sabido ganarse espacios propios en la sociedad. “Estos grupos están tomando conciencia de la posibilidad de generar cambios importantes para el logro de políticas públicas más justas, que reviertan su situación de exclusión” (DA n. 75). Por la poca valoración que se da a la participación de la mujer en el desarrollo de los pueblos y de la Iglesia, se considera indispensable su participación “en la construcción de una vida social más humana y en la edificación de la Iglesia” (DA n. 453). La mujer desde el hogar, la empresa, el liderazgo comunitario, el desarrollo del pensamiento, la vida consagrada, el ámbito comunicacional, político, económico, cultural, ha sembrado su huella en el desarrollo sistemático de la realidad social. 


Corresponsable del presente y futuro de la sociedad

Ante situaciones de vulnerabilidad y exclusión el DA valora la presencia y la acción de la mujer entre los nuevos actores sociales transformadores de la sociedad (DA n. 75; n. 458 c,d); con lenguaje incluyente afirma que “la mujer es corresponsable, junto con el hombre, del presente y futuro de nuestra sociedad humana” (DA n. 452). 

mamá e hija caminando por la playa

El Papa Francisco, en Evangelii Gaudium dice: “La Iglesia reconoce el indispensable aporte de la mujer en la sociedad, con una sensibilidad, una intuición y unas capacidades peculiares que suelen ser más propias de las mujeres que de los varones. Por ejemplo, la especial atención femenina hacia los otros, que se expresa de un modo particular, aunque no exclusivo, en la maternidad. Porque el genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social; por ello, se ha de garantizar la presencia de las mujeres también en el ámbito laboral y en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes, tanto en la Iglesia como en las estructuras sociales” (n. 103). 

Se invita a cambiar nuestras actitudes para dar a la mujer el lugar que Dios quiere para ella en la familia, en la comunidad, en la Iglesia y en la sociedad.

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