Aprendiendo a “vivir de manera extraordinaria”

Colaborador: Pbro. Lic. Martín Monroy Pérez 

El Tiempo Ordinario suele definirse como el tiempo en que Cristo se hace presente y guía a su Iglesia por los caminos del mundo. Con este nombre se le quiere distinguir de los tiempos fuertes, que son la Pascua y la Navidad, con su respectiva preparación y prolongación.

El Tiempo Ordinario ocupa la mayor parte del año: 33 ó 34 semanas de las 52 que tiene el año. En este tiempo vemos a un Cristo ya maduro, responsable ante la misión que le encomendó su Padre; le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres; le vemos ir y venir, desvivirse por cumplir la voluntad de su Padre, brindarse a los hombres. Así también nosotros, en el tiempo ordinario debemos buscar madurar en la fe, la esperanza y la caridad.


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    Tiempo para crecer

    Este tiempo litúrgico nos ayuda crecer en nuestras tareas ordinarias: en el matrimonio, la vida espiritual, profesional… en el trabajo, en el estudio, en las relaciones humanas. Debemos crecer también en medio de nuestros sufrimientos, éxitos y fracasos. ¡Cuántas virtudes podemos ejercitar en todo esto! El tiempo ordinario se convierte así en un gimnasio auténtico para encontrar a Dios en los acontecimientos diarios: ejercitarnos en virtudes y crecer en santidad; se convierte en tiempo de salvación, en tiempo de gracia de Dios.

    El espíritu del tiempo ordinario queda bien descrito en el prefacio VI dominical de la misa: “En quien vivimos, nos movemos y existimos; y todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya, en prenda, la vida futura. Porque al poseer las primicias del Espíritu, por el cual resucitaste a Jesús de entre los muertos, esperamos disfrutar eternamente del misterio pascual”.


    Solemnidades del Señor en días variables

    En el Tiempo Ordinario se insertan cuatro solemnidades que, junto con otras fiestas del Santoral, completan el desarrollo de los Misterios del Señor. Se celebran en fechas movibles:

    • Santísima Trinidad: primer domingo después de Pentecostés.
    • Corpus Christi: jueves siguiente a la Santísima Trinidad.
    • Sagrado Corazón de Jesús: viernes después del segundo domingo de Pentecostés.
    • Jesucristo, Rey del Universo: domingo anterior al domingo primero de Adviento.

    La virgen María en el culto de la Iglesia

    La Santísima Virgen María está indisolublemente unida a la obra redentora de su Hijo y es, a la vez, su fruto más excelso (Cfr. Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, n. 103). La Iglesia la contempla asociada con el misterio de Cristo y ve en Ella su miembro más cualificado y su “tipo” más perfecto (Cfr. Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, nn. 53,63).

    Por su dignidad de Madre de Dios, la Virgen María recibe un culto superior a los santos: “La piedad popular a la Santísima Virgen, diversa en sus expresiones y profunda en sus causas, es un hecho eclesial relevante y universal. Brota de la fe y del amor del pueblo de Dios a Cristo, Redentor del género humano, y de la percepción de la misión salvífica que Dios ha confiado a María de Nazaret, para quien la Virgen no es sólo la Madre del Señor y del Salvador, sino también, en el plano de la gracia, la Madre de todos los hombres” (Directorio de la Piedad Popular y la Liturgia, n. 183).


    Celebraciones de la Virgen y de los Santos

    Desde tiempos muy antiguos la Iglesia tributa a los santos una veneración –especialmente a los mártires– por la relación que tuvieron con el misterio de Cristo. Este homenaje encuentra su base en la Escritura (Cfr. Hch 8,2; Ap 8,3-4).

    Invocarlos y reverenciarlos es útil para nosotros. Al hacerlo, recordamos la experiencia cristiana que caracterizó sus vidas (Cfr. Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, n. 111) y la vocación a la santidad de todo hijo de Dios.

    El culto dado a los santos de llama dulía (veneración); y el dado a la Virgen María es de hiperdulía, es decir, veneración superior a la de los santos.

    Las celebraciones en torno a la Virgen María y a los santos tienen su día propio en el calendario.


    Los santos en el culto de la Iglesia

    “Cuando la Iglesia, en el ciclo anual, hace memoria de los mártires y de los demás santos, proclama el misterio pascual cumplido en ellos, que padecieron con Cristo y han sido glorificados con Él; propone a los fieles sus ejemplos, que atraen a todos por medio de Cristo al Padre, y por sus méritos implora los beneficios divinos" (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1173).

    El título de Santos se aplicó a los cristianos que habían vivido con especial intensidad su unión con Cristo: primero a los mártires y luego a los confesores, honrándoles el día de su entrada al cielo, invocando su protección y viéndoles como modelo para la comunidad. 

    Los santos se celebran –en su mayoría– el día de su muerte, que es su nacimiento para el cielo.

    Tiempo de gracia

    El tiempo ordinario se divide en dos etapas: la primera, desde el Bautismo del Señor hasta el comienzo de la Cuaresma; la segunda, después de Pentecostés hasta el Adviento. Son semanas en las que se recuerda el mismo misterio de Cristo en su plenitud, principalmente los domingos (Cfr. Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, n. 102). 

    El tiempo ordinario despliega los hechos y palabras de salvación realizados por Jesucristo en el “año de gracia del Señor” (Cfr. Lc 4, 19); a través de él, Jesús se manifiesta como Dios con nosotros (Cfr. Mt 1, 23); desarrolla la historia de la salvación, desde su comienzo en la creación hasta su consumación en la parusía.

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      Celebraciones del Señor en días fijos

      Las fiestas y solemnidades del Señor que se celebran en días fijos se sitúan en el ámbito de los misterios de la Encarnación o de la glorificación de Cristo:

      • Presentación del Señor: 2 de febrero.
      • Anunciación del Señor: 25 de marzo
      • Exaltación de la Santa Cruz: 3 de mayo
      • Transfiguración del Señor: 6 de agosto
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        Las cuatro solemnidades litúrgicas que celebran las principales verdades dogmáticas sobre la Virgen María son:

        • Maternidad Divina (1 de enero).
        • Inmaculada Concepción (8 de diciembre).
        • La Virginidad (en la Encarnación, 25 de marzo).
        • La Asunción (15 de agosto).

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