Siempre admiramos con respeto a quienes han sido nuestros maestros, quienes no sólo nos transmitieron conocimientos, sino también valores como el amor a la patria, a la familia, a nuestros compañeros… buscar la verdad, ser responsables y honestos, etc.; pero sobre todo su ejemplo de responsabilidad, amor, dedicación y paciencia, que ha dejado huella en nuestras vidas.


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La educación tiene como objetivo desarrollar integral y armónicamente las capacidades de cada ser humano, cultivar sus cualidades para que llegue a la realización de sí mismo, para alcanzar la madurez racional y afectiva que le permita vivir en libertad y con responsabilidad, realizarse a sí mismo con los demás y para los demás. Por ello, una buena educación llega a formar excelentes personas que saben buscar la verdad, vivir el amor y ser libres; que saben que su perfección está en la apertura a los demás, a la creación, a la cultura, a Dios (Cfr. Educar para una nueva sociedad, CEM. Pags. 94-96).

Padres de familia, ustedes tienen en los maestros sus principales aliados y colaboradores en la educación de sus hijos; colaboren de la mano con ellos.  México necesita mejores personas, mejores  ciudadanos. Maestros: en la educación apóyense en los padres de familia y, si fuera necesario, ayuden también a la formación de los padres de familia, recordemos que la familia es patrimonio de la humanidad; se trata de la primera escuela de la vida donde se aprenden las virtudes personales y sociales.

La Iglesia también es maestra en humanismo y tiene un valor educativo en la promoción del bien, de la verdad, la belleza, el amor y la justicia, hasta su realización definitiva y trascendente. Por eso la Iglesia valora la gran misión educativa de los maestros y los invita a que colaboremos juntos.

Por su parte el Estado, y el gobierno que de él deriva, tiene la altísima responsabilidad de promover el bien común; debe garantizar el acceso y la participación adecuada de todos los ciudadanos a la educación y la cultura, sin distinción de raza, religión o condición social. Además, proporcionar los recursos para una formación profesional integral  de los maestros con una preparación humanística y pedagógica, para que realicen bien su misión.

Muy estimados maestros: quiero también recordarles a todos –creyentes o no creyentes– que tenemos un gran Maestro: Cristo, cuyas enseñanzas no han pasado de moda. Él nos enseña a buscar y vivir la verdad, el amor, la justicia y la solidaridad como valores fundamentales. Su objetivo es promover una vida digna para todos. Sigan el ejemplo de Jesús, el Divino Maestro.

+ Luis Artemio Flores Calzada

VIII Obispo de Tepic.

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