En cierta ocasión le preguntaron a la gran santa contemporánea Teresa de Calcuta: “¿qué piensa sobre el aborto?”. Ella contestó: “si una madre es capaz de matar a su propio hijo, ¿de qué no será capaz el ser humano?”.


“En el principio…”

La creación entera, en el relato bíblico,  comenzó como un acto de amor y de comunicación de vida por parte del Dios Creador; como una Historia de Vida, de Amor, de Salvación… especialmente la Creación del Hombre. Y, por ello,  toda la creación fue calificada por Dios como “muy buena” (Gn 1,31). 

Sin embargo, según el mismo relato,  también la muerte rápidamente se hizo presente con la desobediencia de la primera pareja humana y sus primeros hijos: entró el pecado en la creación, y con el pecado la muerte: el primer homicidio entre hermanos. Entonces, la historia de vida se volvió historia de muerte (capítulos 3 y 4 del libro del Génesis).


El mensaje de los profetas

En tiempo de los profetas el pueblo se olvidó del Dios de la Vida y cayeron en la idolatría, que siembra la muerte. El pregón profético era: “abandonen los ídolos que siembran la muerte… vuelvan al Único Dios Verdadero que da vida y la obtendrán” (Os 14, 10-10).

Este pregón profético se cumplirá plenamente con Jesucristo. Él es la Palabra de Amor y Vida Eterna de Dios, “por quien todo fue hecho”. En esta Palabra estaba la Vida, y la Vida era la Luz de los hombres (Jn 1,1-5). Jesús nos reveló que Él “…es el Pan de la vida (Jn 6,35.48.51.56-57). Y bajo la figura del Buen Pastor, también nos reveló: “Yo he venido para dar vida a los hombres, y para que la tengan en plenitud” (Jn 10,10)… “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11,25).


La creación espera que la defendamos

Viene muy bien al tema que nos ocupa –la defensa de la vida– lo que nos comunica el Papa Francisco en su mensaje de Cuaresma para este año 2019: “porque la creación misma espera anhelante que se manifieste lo que serán los hijos de Dios, condenada al fracaso… La creación vive en la esperanza de ser también ella liberada de la servidumbre de la corrupción y participar así en la gloriosa libertad de los hijos de Dios… La creación entera está gimiendo con dolores de parto hasta el presente” (Rm 8,19-22).

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Un mensaje de actualidad

Sobre este botón de muestra de la Palabra de Dios, los cristianos católicos apoyamos nuestra defensa de la vida en toda la creación; pero, en la misma línea de la Escritura, toda la creación es el proyecto de vida del Dios de la Vida, que tiene en el centro, especialmente, la vida del ser humano, a quien Dios creó a su imagen y semejanza, desde el primer momento de su gestación hasta el último de su existencia.

Nunca como hoy se conoce, aún científicamente, la íntima y necesaria relación vital que existe entre todos los seres creados vivos –en todos sus niveles– y los que son sólo materia en la creación: entre todos se da una misteriosa relación para que exista  cada vez con mejor calidad o para destruirla y matarla. 

La creación fue realizada por Dios en una armonía omniabarcante  y con las notas de la sinfonía universal más hermosa que nos podamos imaginar: cada creatura tiene una interrelación con el resto de la creación para avanzar hacia la plenitud de Dios. Por ello, la teología reflexiona sobre la ecología profundizando sobre el efecto cósmico de la resurrección de Jesús, y califica como pecado lo que se hace contra la ecología. Se ha sembrado tanta muerte en toda la creación que se afirma, modernamente, la existencia de una “cultura de muerte”. 


Defender la vida humana

A esto se refiere este artículo. Desde el punto de vista cristiano, defender toda la creación, que es el proyecto completo de amor y vida de Dios, con especial atención en el cuidado y la defensa de la vida del ser humano; es un compromiso urgente de todos, ya que el cuidado o descuido de una parte afecta al resto. 

Si ponemos atención en el comentario de santa Teresa de Calcuta sobre el aborto, podríamos encontrar la respuesta a la irresponsabilidad en la depredación del planeta por parte del ser humano –el único depredador de la Hermana Tierra– diciendo: si el hombre es capaz del aborto o la eutanasia, será capaz de acabar con los bosques, de contaminar los mares y el agua potable, de lanzar al aire gases contaminantes y producir armas nucleares que producen el calentamiento global, preludio del fin de la creación.

O si comenzamos nuestra reflexión partiendo de lo que el depredador consciente de nuestra creación –es decir,  el ser humano– ha hecho con su “casa la tierra” a lo largo de la historia: acabar con la vida humana hasta llegar a los más indefensos que son los bebés en gestación y los ancianos en la recta final de su vida, y hasta legalizándolo, es el fruto más podrido de su locura… ¿qué más nos falta hacer contra la vida? y, por lo mismo, contra el Dios de la Vida? 

Planteado lo anterior, defender la vida es una esencial convicción para los cristianos, ciertamente, y debemos ser los primeros en participar en su defensa. Pero basta un poco de sentido común para asumir que todos los seres humanos, creyentes en Dios o no, debemos implicarnos en esta defensa de la creación… Todos podemos hacer algo, todos tenemos que hacer algo.

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