Colaborador: Diác. Juan Ramón Correa Soto

“El Espíritu Santo que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo cuanto yo les eh dicho” (Jn 14, 21-26).


“Se llenaron todos del Espíritu Santo…”

En el Nuevo Testamento, en los Hechos de los Apóstoles (capítulo 2), se relata el descenso del Espíritu Santo durante una reunión de los Apóstoles en Jerusalén; acontecimiento que marcaría el nacimiento de la Iglesia cristiana y la propagación de la fe en Jesucristo. 

“Después de la Ascensión de Jesús se encontraban reunidos los apóstoles con la Madre de Jesús. Era el día de la fiesta de Pentecostés. Tenían miedo de salir a predicar. Repentinamente se escuchó un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos. Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas. En esos días había muchos extranjeros y visitantes en Jerusalén, que venían de todas partes del mundo a celebrar la fiesta de Pentecostés judía. Cada uno oía hablar a los apóstoles en su propio idioma y entendían a la perfección lo que ellos hablaban”.  

Todos ellos, desde ese día, ya no tuvieron miedo y salieron a predicar a todo el mundo las enseñanzas de Jesús.


La fiesta cristiana

La solemnidad de Pentecostés la celebramos a los cincuenta días después de la Resurrección del Señor.

En este día, la pascua de Cristo se consuma con la emisión del Espíritu Santo que se manifiesta, se da y se comunica como Persona Divina. Se revela plenamente la Santísima Trinidad ante el mundo y comienza su misión de santificar a la Iglesia, es decir, comienza a preparar a los hombres para atraerlos hacia Cristo, abriendo su mente para entender la muerte y la resurrección. El Espíritu Santo que Cristo derrama el día de Pentecostés sobre sus miembros construye, anima y santifica a la Iglesia.


Pentecostés en la actualidad

El Espíritu Santo sigue obrando en la Iglesia de muchas maneras: inspirando, motivando e impulsando a los cristianos, en forma individual o como Iglesia entera, al proclamar la Buena Nueva de Jesús. Por ejemplo, puede inspirar al obispo de una diócesis para promover un apostolado; a los sacerdotes de una comunidad para que puedan dar testimonio de vida y sepan guiar a su comunidad. 

Asiste al representante de Cristo en la Tierra, el Papa, para que guíe rectamente a la Iglesia y cumpla su labor de pastor del rebaño de Jesucristo. 

Además, el Espíritu Santo tiene el poder de animarnos y santificarnos con sus 7 dones, para lograr en nosotros actos que por nosotros solos no podríamos realizar.

Un poco de Historia

Los judíos, originalmente celebraban una fiesta para dar gracias por las cosechas; esta fiesta se celebraba 50 días después de la pascua, y se llamaba Pentecostés. 

Mas tarde, el sentido de la celebración cambió para dar gracias por la Ley entregada a Moisés, mismo que enseñó al pueblo de Israel lo que Dios quería de ellos. Celebraban la alianza que Dios estableció con su pueblo (alianza del Antiguo Testamento). En esta alianza los judíos se comprometieron a vivir según los mandamientos de Dios, y Dios se comprometió a cuidar   siempre de ellos.

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¿Cómo prepararnos para Pentecostés?

No hay duda alguna que hemos recibido y reafirmado al Espíritu Santo en nuestro bautismo y la confirmación; sin embargo, es importante que fortalezcamos nuestra fe constantemente. Por esto, te invitamos a que celebres y vivas éste, y todos los años, la Solemnidad de Pentecostés.  

La mejor manera de hacerlo es en comunidad; la Iglesia nos invita a celebrarlo todos juntos, siguiendo el ejemplo de los apóstoles con la Virgen María. 

Se nos invita a vivirlo a través de una “Vigilia”; en ésta, se busca estar juntos como pueblo de Dios, alabando y adorando con cantos, oraciones y con lo más importante: la Eucaristía. 

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Que no existan pretextos

Si por alguna razón no puedes asistir a una vigilia de Pentecostés, tú mismo puedes prepararte desde tu hogar solo o con tu familia; lo importante es unirte a la intención de la Iglesia, que es adorar a Dios en Espíritu y Verdad; disponiendo tu interior para ’no perder la paz’; pidiendo al Espíritu Santo que te siga animando y santificando con su gracia en tu vida ordinaria.

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