Colaborador: Pbro. Lic. Efraín Martínez Delgado

En el mes de mayo se celebra a la madre, la persona con la que todo ser humano se relaciona en el inicio de su vida. 

La relación íntima que se establece entre madre e hijo –o hija– influye de manera determinante para lograr una existencia digna en todos los aspectos de la persona: física, espiritual, intelectual, así como la conducta en su relación con otras personas. También influye en la relación con Dios.

Si la madre puede dar un buen inicio al ser que trae a la existencia, el desarrollo pleno será con más facilidad.


Una vida en plenitud

En el Evangelio de Juan se encuentra una interesante propuesta para que las personas logren tener una vida plena.

Al final de su Evangelio, Juan presenta el objetivo de su escrito: «Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Éstas han sido escritas para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en su nombre».

Juan usa dos términos para referirse a la vida: Tsoé (Ζωή) y Psijé (Ψυχή).

La palabra Psijé se ha traducido como alma, pero en el ambiente del pueblo judío, en la Biblia, en el Evangelio de Juan, es un concepto que se refiere al ser humano en su totalidad en cuanto que está animado por un «espíritu de vida». No es una parte que junto con el cuerpo compone el ser humano; es la persona que se expresa por el cuerpo.

De la misma manera, en el Evangelio de Juan, la carne –o cuerpo físico– designa al ser humano completo. Para la cultura semítica el alma es inseparable del cuerpo al que anima, y la fuente de vida es Dios. 

Juan usa el término Tsoé para hablar del origen de la vida, del Creador de la misma, del que la posee en plenitud y puede darla a otros.

Al inicio de su Evangelio, Juan, hablando de la Palabra logos (λόγος) –que se refiere a Jesús– dice que poseía la vida desde la eternidad; la vida le pertenece como su propiedad (5,26), da la vida en abundancia (10,10) a todos  los que le dio su Padre, la vida eterna (17,2). Jesús es «el camino, la verdad y la vida» (14,6).

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«Resurrección y vida» (11, 25), «luz de la vida» (8,12), ofrece un agua viva que transforma a quien la recibe en «una fuente que brota para la vida eterna» (4,1).

Jesús es el «pan de vida». El que lo come vive por Él y no morirá; tendrá vida eterna porque Él lo resucitará (6,27-58). Comer el pan de vida supone la fe (6,40). De la fe en Jesús depende el tener o no la vida eterna (3,36). La fe en Jesús consiste en recibir sus palabras y ejecutarlas. Jesús comunica lo que el Padre le mandó decir y hablar, y lo que Dios manda es vida eterna (12,47-50).

El conocimiento de esta concepción del ser humano nos ayuda a comprender mejor la propuesta de la vida plena que hace Jesucristo en el Evangelio de Juan.


“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”

Cuando Jesús habla de dar la vida está hablando de toda su persona y de toda su existencia. Cuando afirma que Él da la vida como el buen pastor por sus ovejas (10,11.15.17), significa que es su persona, es Él mismo el que se da día a día, e invita seguir su ejemplo: nos invita a sacrificarla.

El apóstol Pedro afirma estar dispuesto a dar la vida por Jesús (13,37s). Jesús enseña que “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (15,13; 1 Jn 3,16). Quien pierda la vida por Jesús la guardará para una vida eterna (12,25).

Jesús da la vida todos los días realizando signos, que en los otros evangelios coinciden con milagros: cura,

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devuelve la vista, el oído y la capacidad de caminar; hace posible que las personas dejen la mala costumbre de hacer el mal a los demás (libera a los endemoniados), revela la voluntad de Dios y todo el proyecto de vida para los seres humanos. Cuando salva el alma está salvando a la totalidad de la persona.


La vida es para darla

El ser humano tiene como una inquietud constante la búsqueda de una vida cada vez mejor y más completa y plena; se ilusiona pensando que llegará a la plenitud si posee mucho dinero, un buen trabajo, un buen puesto, una buena familia, bienes materiales, o los inmateriales como los títulos, que pueden ayudar a conseguir un buen puesto.

Es contradictorio encontrar personas que tienen bienes en exceso y pierden el sentido de su vida queriendo acabar con ella suicidándose. Es también triste escuchar a un niño o adolescente que exprese que quiere quitarse la vida porque siente que no es amado en su familia, o  porque tiene pequeños problemas que no parece haber nadie que lo ayude a solucionarlos.

Es impresionante encontrar personas que creen tener el derecho de acabar con el ser humano en sus inicios, cuando no tiene ninguna posibilidad de decidir sobre su vida, ni de defenderla.

El Evangelio de Juan nos propone las enseñanzas y el ejemplo de la vida, muerte y resurrección de Jesús como el camino verdadero para tener vida de abundante calidad durante toda nuestra existencia en este mundo, y alcanzar una vida eterna.


Jesús es el camino, la verdad  y la vida

La invitación y el reto es comprobar que la vida es mejor si la damos día a día, como Jesús, en la lucha contra lo que la amenaza: enfermedades, carencias, creencias falsas, propuestas, ideas, planes.

La vida es mejor como la propone Jesús: tratando a los demás como prójimos, como hermanos; tratando a Dios como Padre, creador y conservador de la vida.

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