La familia es santuario de vida donde los padres son los principales responsables de educar a los hijos en todos los aspectos, con sus derechos y obligaciones inalienables.

La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad
    La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad
    “La familia es un grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas" (Diccionario de la Real Academia Española).

    “La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad, y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado” (Declaración Universal de los Derechos Humanos, ONU, 1948. Artículo 16 .3).

    “La familia es el ámbito donde los individuos nacen y se desarrollan, así como el contexto en el que se construye la identidad de las personas por medio de la transmisión y actualización de los patrones de socialización” (INEGI).

    “La familia es imagen de Dios que, en su misterio más íntimo no es una soledad, sino una familia. En la comunión de amor de las tres Personas divinas, nuestras familias tienen su origen, su modelo perfecto, su motivación más bella y su último destino” (Aparecida, n. 434).

    Custodiar, revelar y comunicar el amor

    La Familia recibe la misión de custodiar, revelar y comunicar el amor como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo por la Iglesia, pero también recibe la fuerza para resistir las corrientes e ideologías que atentan contra sus cimientos. 

    Los cambios sociales han tenido un gran impacto, debilitando las estructuras familiares.  Con este debilitamiento hay una crisis en la familia que incide en el desarrollo de la sociedad; y sin una base firme de valores, ésta queda expuesta a intereses e ideologías que no favorecen el bien común y desvía la formación ética, moral y espiritual del individuo; por lo tanto, la familia padece comportamientos sociales de riesgo muy marcados: individualismo, desamor, violencia, adicciones, intolerancia, consumismo; así como nuevas formas de socializar y de comunicación.


    Esta responsabilidad no se delega

    Lamentablemente, desde hace tiempo la mayoría de las familias han optado por renunciar a su tarea: educar, darle continuidad a la obra creadora de Dios, y delegan sus responsabilidades a las instituciones educativas y religiosas, es decir, a los maestros y catequistas en el mejor de los casos, porque en algunos lo delegan a las redes sociales, ocasionando un deterioro moral y espiritual por la pérdida de valores. 

    El deterioro de la familia es una de las principales razones de que haya tanta violencia y problemas; afirmaba la madre Teresa de Calcuta: “Pienso que el mundo está de cabeza y está sufriendo tanto porque hay tan poquito amor en el hogar y en la vida de familia. No tenemos tiempo para nuestros niños, no hay tiempo para gozar uno con el otro. El amor comienza en el hogar; el amor vive en los hogares y ésta es la razón por la cual hay tanto sufrimiento y tanta infelicidad en el mundo de hoy. Todo el mundo hoy en día parece estar en tan terrible prisa, ansiosos por grandes desarrollos y riquezas, de tal forma que los niños tienen muy poco tiempo para sus padres. Los padres tienen muy poco tiempo para ellos, y en el hogar comienza el rompimiento de la paz del mundo”.

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      Regresar a las fuentes

      Aunque la familia vive una crisis progresiva y permanente, sigue y debe seguir siendo una célula fuerte y consolidada para llevar a cabo la misión que le corresponde con todos los retos y desafíos que esto implica. Es necesario entrar en acción y reconocer que regresar a las fuentes es uno de los primeros pasos que podemos dar para iniciar la reconstrucción de un mundo ideal donde los padres asuman su vocación y aporten con fe y razón nuevas alternativas ante una sociedad cambiante, donde todo se ve como normal: la infidelidad, el aborto, etc.; que la familia, al asumir su ser y su misión en la sociedad, vaya estabilizando la convivencia y los valores, supere las crisis internas y externas que afectan la relación humana y espiritual, vaya creando relaciones sanas para ir transformando aquello que impide la realización plena de una sociedad con hambre de paz y justicia.

      La familia, al asumir su ser y su misión en la sociedad, vaya estabilizando la convivencia y los valores
        La familia, al asumir su ser y su misión en la sociedad, vaya estabilizando la convivencia y los valores

        La mejor escuela

        La familia se considera como la mejor escuela, porque por naturaleza la formación integral de los hijos le corresponde a ella, porque como fuente de vida es ahí donde la persona se humaniza, desarrolla las habilidades y destrezas; donde a través de la socialización y la convivencia se desarrolla la capacidad de amar, se inicia el proceso para adquirir los conocimientos y los valores, así como también se va teniendo conciencia de pertenecer a una familia en la cual los hijos se sienten protegidos, amados y aceptados.  

        En esta nueva normalidad, y en todo tiempo, el Catecismo de la Iglesia Católica, número 2223, nos recuerda: “Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. Testimonian esta responsabilidad ante todo por la creación de un hogar, donde la ternura, el perdón, el respeto, la fidelidad y el servicio desinteresado son norma. La familia es un lugar apropiado para la educación de las virtudes. Ésta requiere el aprendizaje de un sano juicio, del dominio de sí, condiciones de toda libertad verdadera”. 

        La familia necesita de padres que busquen formar a sus hijos desde la libertad ofrendada y desde el amor que da seguridad y sentido a la vida, y que ayuda a despertar el potencial interior de sus hijos. La vida ofrece muchas oportunidades para recomenzar, redireccionar y cuestionarnos ¿para qué fuimos llamados a la paternidad y cómo la estoy ejerciendo? ¿Qué aportamos para construir una sociedad donde los valores sean su cimiento? Es una gran responsabilidad para los padres dar buenos ejemplos a sus hijos. Sabiendo reconocer ante ellos sus propios defectos, se hacen más aptos para guiarlos y corregirlos: “El que ama a su hijo, le corrige sin cesar, el que enseña a su hijo, sacará provecho de él (Si 30, 1-2) .“Padres, no exasperen a sus hijos, sino fórmenlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor” (Ef 6, 4).

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