La Cuaresma es un tiempo durante el cual la comunidad cristiana se prepara para celebrar lo más dignamente posible la Muerte y Resurrección del Señor, consciente de que la pascua es el vértice de su propia existencia, el centro donde converge la historia y el hecho que le da verdadero sentido.  

En esta preparación tienen un papel importante la oración, el ayuno, la renovación de la vida interior y exterior, personal y comunitaria. Según san León, la Cuaresma es “un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a los fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales con purificación del corazón y una práctica perfecta de la vida cristiana”.


Algunos datos históricos

La práctica de la Cuaresma inicia en el siglo IV. En esta época se constituye como tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia. Se exhorta de manera especial al ayuno y a la abstinencia, los cuales se exigían con verdadero rigor. Hoy estas prácticas son más ligeras, pero han de vivirse con espíritu de penitencia y de conversión.

pan solamente cocido cortado en trozos
Tiempo donde se exhorta de manera especial al ayuno y a la abstinencia

Normas de ayuno y abstinencia

El Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo están marcados por el ayuno y la abstinencia: hacer una comida fuerte al día y no comer carne. Esto último vale para todos los viernes de la cuaresma. La abstinencia de carne se puede suplir, a excepción del Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, por:

  • La abstinencia de los alimentos que para cada uno significan especial agrado.
  • Una obra especial de caridad o de piedad.
  • Otro sacrificio significativo y voluntario.

Sentido del ayuno

El ayuno no significa dejar de comer sólo porque sí; tiene un sentido más profundo. Al respecto, el Papa Benedicto XVI ha expresado lo siguiente: “El ayuno, que puede tener distintas motivaciones, adquiere para el cristiano un significado profundamente religioso: haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor; soportando la privación de  alguna cosa –y no sólo de lo superfluo– aprendemos a apartar la mirada de nuestro “yo” para descubrir a alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos” (Mensaje para la Cuaresma 2011, n. 3).

decierto con la sombra de la cruz

Dejarnos guiar por la Palabra

Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua, y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor, hemos de dejarnos guiar por la Palabra de Dios. La Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos lleva a un encuentro especialmente intenso con el Señor, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo en la entrega más plena a Él.

El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimiento en el Triduo Pascual, especialmente en la vigilia de la noche santa. Al renovar las promesas bautismales reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida de Dios nos comunicó cuando renacimos “del agua y del Espíritu”, y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la gracia para ser sus discípulos (Cfr. Benedicto XVI, Mensaje para la cuaresma 2011, n. 2).


La Pascua

“A partir del Triduo Pascual, como de su fuente de luz, el tiempo nuevo de la Resurrección llena todo el Año Litúrgico con su resplandor. El año, gracias a esta fuente, queda progresivamente transfigurado por la Liturgia. Es realmente "año de gracia del Señor" (Cfr. Lc 4, 19). La economía de la salvación actúa en el marco del tiempo, pero desde su cumplimiento en la Pascua de Jesús y la efusión del Espíritu Santo, el fin de la historia es anticipado, como pregustado, y el Reino de Dios irrumpe en el tiempo de la humanidad. Por ello, la Pascua no es simplemente una fiesta entre otras: es la Fiesta de las fiestas, "Solemnidad de las solemnidades", como la Eucaristía es el Sacramento de los sacramentos (el gran sacramento). San Atanasio la llama el gran domingo, así como la Semana Santa es llamada en Oriente la gran semana. El misterio de la Resurrección, en el cual Cristo ha aplastado a la muerte, penetra en nuestro viejo tiempo con su poderosa energía, hasta que todo le esté sometido” (Catecismo de la Iglesia Católica nn. 1168-1169).

imagen de cristo resuciatado

El Tiempo Pascual es tiempo para celebrar con gozo y alegría profunda la resurrección y el tiempo del Señor. Es la victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado. Dura siete semanas; dentro de este tiempo se celebra la Ascensión, donde regresa Cristo a la casa del Padre, para dar cuenta de su misión cumplida y recibir del Padre el premio de su fidelidad. En Pentecostés, la Iglesia sale y se hace misionera, llevando el mensaje de Cristo por todo el mundo (Cfr. PGP n. 5).


Renovarnos en la Pascua

Hacer memoria de los misterios de salvación en Cristo significa vivir en adhesión profunda y solidaria al hoy de la historia, convencidos de que lo que celebramos es realidad viva y actual que nos hace capaces de ser luz y esperanza del mundo.

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