La salud mental: una deuda de la sociedad y de la Iglesia

Colaborador: Ernesto Cuervo Pérez

 “…Éste se compadeció de él, se acercó, curó sus heridas con aceite y vino y se las vendó; después lo montó sobre el animal que traía, lo condujo a una posada y se encargó de cuidarlo” (Lc 10, 33-34).


Abandonados “a la buena de Dios”

La falta de atención a los “enfermos mentales”, tanto por la Iglesia como por la sociedad en general, ha dejado a miles de personas con problemas de salud mental literalmente en la calle, abandonadas a la buena de Dios –diría la gente–, estigmatizadas y hasta agredidas. 

Son frecuentes quienes padecen este tipo de enfermedad deambulando por las calles, olvidados por sus familiares y buscando en los templos un refugio, pero encontrando constantemente respuestas evasivas, si no francamente de rechazo.

Amplio campo de misión

La estructura gubernamental y sus instituciones de salud están rebasadas en su capacidad de atención, y la salud mental realmente no es su prioridad. Ni siquiera en el ámbito de la educación nuestra cultura se ocupa de ello. Y son escasos y desorganizados los esfuerzos que hace la Iglesia para ello a pesar de contar con una admirable Doctrina Social. 

Quienes sufren de problemas de salud mental tienen un cuidado de salud de menor calidad, derechos humanos menoscabados y una mayor mortalidad. Constituye uno de los mayores campos de misión para la Iglesia en todo el mundo, una Iglesia que de por sí lucha por conservar su posición de influencia en un mundo cada vez más ateo.


Al rescate de la Dignidad Humana

La relatividad de la globalización, el individualismo, el hedonismo, el imperio apabullante del manejo ideológico de la Ciencia y la Tecnología y el contubernio con los Medios de Comunicación han pulverizado y banalizado el concepto del Ser Humano.

Nuestra Diócesis hace partir el Plan Diocesano de Pastoral desde el rescate de la Dignidad humana, que nos lleva a la visión integral de la persona, que es espíritu encarnado. La Iglesia –y los psicólogos católicos– ahondan en las teorías de la personalidad y en la conceptualización de qué nos hace personas humanas para recuperar la noción de qué es realmente la persona humana. Partimos de entender a nivel de nuestras facultades y características qué significa ser “Creatura hecha a imagen y semejanza de Dios”, y concluimos en que hay que moverse hacia el objetivo de la persona, aquello para lo que estamos hechos. Hemos sido hechos para usar la intencionalidad y desplegar una vocación, una vocación de crecimiento espiritual personal, adoptar una relación de compromiso a algún estado de vida, como el compromiso en el matrimonio, a una vida célibe o a la vida religiosa. Y estamos así comprometidos a desarrollarnos a través de una forma de trabajo y de ocio creativo que ayude a la sociedad. 

Se requiere propósito, moralidad y niveles de comprensión y compromiso con la complementariedad; supone que debemos trabajar hacia un amor de donación hacia el otro, hacia la evolución de todas nuestras capacidades.

Imagen de persona desesperada
No tener un propósito y un sentido de dirección
Imagen de silueta de mujer en meditación con el corazón resplandeciendo
La mente debe estar en total armonía con todo el cuerpo

La falta de sentido y sus consecuencias

El peligro del reduccionismo en las teorías mundanas es que no hay comprensión de lo que es el Propósito: no hay en estos casos un propósito en la vida, no hay un sentido para la persona, y en este momento la ausencia de propósito y sentido de la vida ya está causando severos estragos en la salud mental. Su máxima expresión es el suicidio; y es alarmante su aumento entre los jóvenes y los niños. 

El común denominador en los problemas de salud mental es la depresión. Tristeza, pérdida de interés y apatía: éstas son las tres características fundamentales que definen la depresión. Constantemente te sientes desgraciado, desanimado, con ganas de llorar; sientes que la vida no vale la pena, pierdes el interés por todo; te vuelves pasivo, apático; dejas de salir y, muchas veces, de estudiar, de ir a trabajar; pierdes la energía.

Día Mundial de la Salud Mental

El 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental. Es una oportunidad para que la población tome consciencia sobre cuestiones relativas a la salud mental. En este año 2019, la jornada se centra en la prevención del suicidio.  

Cada año, cerca de ochocientas mil personas fallecen por esta causa, y otras muchas intentan suicidarse. Cada suicidio es una tragedia que afecta a una familia, a una comunidad o a todo un país, y tiene consecuencias duraderas en las personas cercanas a la víctima. 

El suicidio no respeta edades, y es la segunda causa de defunción entre los jóvenes de 15 a 29 años (Organización Mundial de la Salud).

Temas que apuntalan la salud mental

La Iglesia Católica también atiende y promueve:

  • El llamado a la familia, a la comunidad y a la participación
  • Los derechos y deberes
  • La opción por los pobres e indefensos
  • La dignidad del trabajo y los derechos de los trabajadores
  • La solidaridad y la complementariedad
  • El cuidado por la creación de Dios

Un problema que no ha de silenciarse

Las Instituciones y la Iglesia enmudecen ante el problema de salud mental, pero quizá el silencio más grave y revelador sea el mediático. En los medios de comunicación, las enfermedades mentales están infrarrepresentadas.

Estamos marginando la salud mental, y todavía no hemos caído en la cuenta.

Imagen de tres rostros contrapuestos mirando a diferente dirección
El problema de la salud mental no debe silenciarse, no debe esconderse

Es como si no quisiéramos enterarnos de que una de cada cinco personas sufrirá a lo largo de su vida una enfermedad mental, y que la mitad de los casos debutan antes de los 14 años.


La vida humana es sagrada

La Iglesia Católica proclama que la vida humana es sagrada y que la dignidad de la persona es la base de una visión moral para la sociedad. Esta creencia es el fundamento de todos los principios de nuestra enseñanza social. 

En nuestra sociedad, la vida humana está bajo el ataque directo del aborto, la eutanasia y la ideología de genero. La vida humana está amenazada por la clonación, las investigaciones sobre las células madre embrionarias y por la aplicación de la pena de muerte, entre tantos otros temas que laceran la salud mental social. Hay incluso quienes hacen del suicidio una opción plausible, sin mencionar “la cultura del descarte”, al tope que practican los sicarios.


Qué estamos haciendo en las parroquias? 

Mental Health Ministries (‘Creating Caring Congregations—Five Step Program) recomienda un programa de cinco pasos para crear congregaciones solidarias en el área de la salud mental:

  1. Educación: podemos capacitarnos en los temas básicos de salud mental.
  2. Compromiso: revisar nuestras actitudes al respecto a la luz de virtudes, como la caridad.
  3. Acogida: recepción personalizada con calidez y propiciando “pertenencia” y aprobación.
  4. Apoyo: en materia, economía, asesoría, oraciones.
  5. Defensoría: vincularlo a asociaciones, instituciones, grupos de autoayuda, etc.

Es decir: conectar la enseñanza social católica con la vida y el ministerio de Jesús.  Llevar la enseñanza social católica a la práctica mediante obras de caridad, actos de justicia y la búsqueda de la paz.  

Las parroquias, como comunidades de fe y sanación centradas en Cristo, pueden aportar los recursos de enseñanza bíblica, oración, comunión, hospitalidad y cuidado, asesoramiento y promoción de la justicia… a fin de tratar las necesidades de quienes sufren problemas de salud mental.

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