La gran fiesta de la Epifanía del Señor, popularmente conocida como “Día de Reyes”, nos recuerda la singular visita de aquellos misteriosos personajes, de quienes el evangelio de San Mateo narra su llegada desde el oriente en búsqueda del Rey de los judíos, de quien vieron surgir su estrella, para adorarle (Mt 2, 1-12). Es por ello que en muchos hogares cristianos no se concibe colocar un “nacimiento” sin que exista un espacio digno para los “Tres Reyes Magos”

Esta fiesta litúrgica ha trascendido los muros de las iglesias y llega a los hogares para enriquecerse con algunas tradiciones que la convierten en un día esperado para celebrarlo. 

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    Así encontramos que sin entender muy bien la historia de estos tres personajes, los niños saben que a ellos se les puede pedir juguetes, o en el mundo de los adultos este día es más bien de convivencia, disfrutar una rica rosca y chocolate. Sin embargo, vale la pena no descuidar el aspecto de la fe evitando reducirlo a algo meramente social. Por eso, vamos sobre todo a centrarnos en un aspecto que quizá poco le damos importancia. 

    Ningún detalle que se cuenta en las Escrituras es superficial, por eso es bueno investigarlos bien para descubrir sabiduría en ella. Centremos nuestra atención en los regalos que los Magos le ofrecieron al Salvador y pensemos en dos preguntas que nos darán la línea para nuestra reflexión: ¿Por qué ofrecerle al Salvador regalos?, y ¿Por qué esos regalos, y no otros?


    ¿Por qué ofrecerle regalos al Salvador?

    Para responder a la primera pregunta, basta con leer el comienzo del capítulo 2 del evangelio de Mateo: “Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo” (Mateo 2, 1-2).

    Estos hombres que Mateo llama magos venían de muy lejos, de Oriente, y venían con una intención clara: adorar al niño. En ellos queda significado que el mundo pagano reconoce a Jesús como el Mesías, y no sólo eso, sino también como Dios, pues vienen a adorarlo. Por lo tanto, los regalos son fruto del reconocimiento y adoración al niño, de su ser regio y divino, como se hacía en los años de la monarquía donde era frecuente el ofrecer regalos a los reyes (1Reyes 10, 12-13; Isaías 60, 6).  

    ¿Por qué esos regalos y no otros?

    Algunas interpretaciones de los Santos Padres, así como la de estudiosos de la Biblia, nos ayudan a comprender mejor el significado posible del por qué esos regalos. 

    Los regalos que san Mateo narra que le ofrecieron al Niño expresan de algún modo partes del misterio de Cristo. Nos dice Mateo: “Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mateo 2,11).

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