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    Los jóvenes ocupan un lugar muy importante en la Iglesia y en la sociedad.

    Recientemente el Papa Francisco ha convocado un Sínodo dedicado a los jóvenes con el tema: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”; se realizó en Roma del 3 al 18 de octubre del pasado 2018 con grandes aportaciones de los jóvenes y de los Obispos que participaron.

    El documento final –siguiendo el episodio de los discípulos de Emaús, que nos narra San Lucas– está dividido en tres partes; en este mensaje voy a recalcar algunas ideas:

    Jesús caminó con ellos” (Lc 24,25)

    Los jóvenes anhelan  una Iglesia que los escuche y acompañe; pasan mucho tiempo en la WEB y redes sociales, muchos son migrantes y han sufrido violencia y marginación. Los jóvenes piden ser acogidos y valorados en su originalidad; son muy sensibles en el compromiso social, a favor de los necesitados y vulnerados; desean una liturgia en la Iglesia fresca, auténtica, alegre y en la que ellos participen, pues quieren ser protagonistas.

    Los jóvenes reconocen al cuerpo y la sexualidad una importancia esencial para su vida, pero puede haber peligros, están expuestos a la  manipulación de la pornografía digital, la sexualidad precoz, la promiscuidad, el turismo sexual. Pero expresan también sus talentos en el arte, la música, el deporte.

    “Sus ojos fueron abiertos y le reconocieron en la fracción del pan”(Lc. 24,31)

    Los jóvenes contribuyen a mostrar este rostro de la Iglesia, que refleja “el gran vivir, el Cristo eternamente joven”analiza el regalo  de la juventud, su vínculo con la familia, el llamado a la libertad, el misterio de su vocación y su misión y el discernimiento para descubrirlas. Los jóvenes están llamados a ser santos y a participar en la misión de la Iglesia. A la Iglesia le toca acompañar personal y comunitariamente a los jóvenes, ayudarles a su encuentro personal con Cristo que transforme su vida y a sentirse parte importante de la Iglesia.

    “Partieron inmediatamente”  (L.24, 33)

    Recoge las opciones para una conversión espiritual, pastoral y misionera de parte de la Iglesia en su atención a los jóvenes. Los jóvenes nos piden que caminemos juntos, les anunciemos a Jesucristo en el  Kerigma, una liturgia viva, una pastoral juvenil en clave vocacional, transmitir la belleza de la visión cristiana de la corporeidad y la sexualidad. Promover una vida social, económica y política en nombre de la justicia, la solidaridad, la paz, como lo exigen los jóvenes, preocupación por la formación integral de los jóvenes.

    Invito a todas las familias y a mis hermanos sacerdotes a escuchar a los jóvenes, acompañarlos y llevarlos a su encuentro con Cristo y a darles su lugar protagónico en la Iglesia.

    +Luis Artemio Flores Calzada

    VIII Obispo de Tepic.

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