“Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”  (Lc 8, 21).

Durante el mes de septiembre la Iglesia Católica invita a sus fieles a reavivar su compromiso con la Palabra de Dios. Y es que el 30 de septiembre es el día de San Jerónimo, gran enamorado de la Sagrada Escritura, el hombre que dedicó su vida al estudio y a la traducción de la Biblia al latín.

La palabra es necesaria para conocernos y relacionarnos entre nosotros, pues en la Biblia, Dios nos habla y establece con nosotros una relación de amistad y de amor.

La primera exhortación apostólica del Papa Francisco, "La alegría del Evangelio”, contiene material valioso para celebrar un encuentro de oración alrededor de la Palabra de Dios.


No sólo de pan vive le hombre

La palabra de Dios se configura como alimento espiritual, como luz para el camino, como espada para defendernos de doctrinas falsas, por eso es necesaria para la vida de todo Cristiano.

Los mensajes, parábolas y vivencias contenidas en la Biblia nos permiten entender y comprender la gran obra de la salvación de Jesucristo.

En el Sermón de la Montaña, Jesus nos presenta un resumen de su enseñanza para entrar al Reino de los Cielos, inaugurado por Él mismo, y que es todo un estilo de vida. Al terminar este discurso nos dice sobre qué edificar nuestra vida (Mt 7, 24-27):  «Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina».

Edifiquemos pues nuestra vida sobre la Roca firme de la Palabra de Dios, que es el mismo Jesús. “Pues desconocer las Escrituras es desconocer a Jesucristo” (san Jerónimo).

Septiembre es el mes de la Biblia gracias a San Jerónimo
    San Jerónimo, el traductor de la Biblia
    San Jerónimo nació en Dalmacia, cerca del año 340, y murió en Belén el 30 de septiembre de 420. 

    San Jerónimo tradujo la Biblia del griego y el hebreo al latín, traducción que después sirvió para traducir la Biblia a muchos idiomas, entre ellos al español.

    La traducción al latín hecha por San Jerónimo es llamada Vulgata (de vulgata editio, "edición para el pueblo"), y ha sido, hasta la promulgación de la Neovulgata, en 1979, el texto bíblico oficial de la Iglesia católica romana.

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    ¿Qué dice el Magisterio de la Iglesia acerca de la Biblia?

    Es necesario, por consiguiente, que toda la predicación de la Iglesia, como la misma religión cristiana, se nutra de la Sagrada Escritura, y se rija por ella. 

    Porque en los sagrados libros el Padre, que está en los cielos, se dirige con amor a sus hijos y habla con ellos; y es tanta la eficacia que radica en la Palabra de Dios, que es, en verdad, apoyo y vigor de la Iglesia, y fortaleza de la fe para sus hijos; alimento del alma, fuente pura y perenne de la vida espiritual. 

    Muy a propósito se aplican a la Sagrada Escritura estas palabras: "pues la palabra de Dios es viva y eficaz, que puede edificar y dar la herencia a todos los que han sido santificados” (Dei Verbum, n.  21).


    ¿Qué dice el Catecismo?

    La Biblia es alimento de la vida espiritual, y todos los cristianos deben tener un fácil acceso a la Sagrada Escritura (n. 131). 

    Es el alma de la teología, la predicación y la catequesis (n. 132).

    La Iglesia recomienda la lectura “asidua” (frecuente, cotidiana) de la Sagrada Escritura. Desconocerla, es desconocer a Jesús. En cambio, quienes la disfrutan, adquieren la mente de Cristo (n. 133).

    Esperemos que el Espíritu Santo haga que algunos de estos elementos nos toquen la mente y el corazón, y nos ayuden a acercarnos al libro más leído en la historia de la humanidad, en el cual el Padre Celestial sale a dialogar con sus hijos (n. 103). 

    Septiembre el mes de la biblia - ¿por qué se considera así?

      El Papa Francisco y  la Biblia

      El Papa Francisco ha instituido el Domingo de La Palabra de Dios, que se celebra, desde el 2019, el tercer domingo del tiempo ordinario, al concluir la semana de oración por la unidad de los cristianos. 

      En su homilía resalta la importancia de leer la Biblia todos los días: “comencemos por el Evangelio; mantengámoslo abierto en casa, llevémoslo en nuestro bolsillo, veámoslo en la pantalla del teléfono, dejemos que nos inspire diariamente. Descubriremos que Dios está cerca de nosotros, que ilumina nuestra obscuridad, que nos guía con amor a lo largo de nuestra vida. No dejar empolvar la Biblia como si fuera un libro más”.

      San Juan Pablo II nos dejó además unas palabras hermosas sobre esta celebración de la Biblia en Septiembre: "Los católicos durante el mes de septiembre debemos dedicarlo a impulsar el conocimiento y divulgación de los textos bíblicos con mayor énfasis, ya que quien se llame cristiano tendría que conocer la historia de la salvación y la Palabra de Dios, interpretadas auténtica y fielmente por el Magisterio de la Iglesia”

      Celebra el mes de la Biblia

      La intención es que, durante este mes de Septiembre, en todas las comunidades cristianas o grupos familiares se desarrollen algunas actividades que nos permitan acercarnos mejor y con más provecho a la Palabra de Dios. Éstas son algunas sugerencias:

      1. Si todavía no le hemos dado el lugar que merece la lectura de la Sagrada Escritura iniciemos leyendo por lo menos un capítulo diario de manera continua, empezando con los Evangelios.

      2. Adquirir el misal mensual para leer la Biblia con las lecturas diarias que nos propone la Iglesia para la Santa Misa. 

      3. Orar  con la Liturgia de las Horas.

      4. Practicar la Lectio Divina con el Evangelio de cada domingo. Esta práctica es muy usada por las comunidades religiosas y los sacerdotes, pero en la actualidad también muchos laicos disfrutan esta  práctica.

      La lectura diaria y la meditación de las Sagradas Escrituras le reportará grandes bendiciones a su vida. Le hará alcanzar un conocimiento cada vez más profundo de Dios, le hará crecer y madurar en su fe, le dará luz para tomar desiciones de acuerdo a la voluntad de Dios, llenará su vida de gozo y de paz, le será de consuelo en el sufrimiento, enriquecerá su vida de oración, lo capacitará para dar testimonio a otros de su fe.

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