Colaborador: Karime Ramos Godoy

“Cuando se propone una visión de la naturaleza únicamente como objeto de provecho y de interés, esto también tiene serias consecuencias en la sociedad. La visión que consolida la arbitrariedad del más fuerte ha propiciado inmensas desigualdades, injusticias y violencia para la mayoría de la humanidad, porque los recursos pasan a ser del primero que llega o del que tiene más poder: el ganador se lleva todo” (Laudato si’ n. 82).


¿Cómo miramos nuestra realidad?

Esas palabras resuenan con fuerza en en los últimos días, al llevar semanas siendo testigos de un crimen de lo más cínico, porque es un crimen contra nuestra propia vida.  Hemos sido testigos –quizá mudos, quizá activos– de cómo nuestros bosques, nuestros pulmones comunitarios, se agotan rápidamente, y padecemos las consecuencias de su daño.

Por más que intentemos ser positivos, vivimos una realidad donde las catástrofes son parte de nuestra rutina y cotidianeidad. “Las predicciones catastróficas ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía. A las próximas generaciones podríamos dejarles demasiados escombros, desiertos y suciedad. El ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta, de tal manera que el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes, como de hecho ya está ocurriendo periódicamente en diversas regiones” ( Laudato si’ n. 161).  Ejemplo de esto, los incencios en el Estado de Jalisco.

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Ya es común

Ya vivimos días donde la catástrofe es sobre lo que escuchamos a diario en las noticias, o lo que vemos en nuestros cielos contaminados y padecemos en enfermedades de vías respiratorias. No estamos diseñados para acostumbrarnos al caos y a las catástrofes; venimos diseñados para prevenirlas, para buscar nuestra subsistencia y, más allá, nuestro modo de vida bueno.


¡Actuemos!

Actuemos asertivamente de inmediato; eduquemos en comportamiento ético a nuestros pequeños; corrijamos enérgicamente a nuestros jóvenes respecto de malas decisiones que buscan sólo poseer más allá del ser. 

Cuidemos activamente nuestro entorno; en cada actividad que realicemos, desde la oficina, la casa, la escuela, la vía pública… 

El momento es ahora; la urgencia es mucha; el tiempo ya se nos acabó; nuestra casa pide ayuda urgente para no derrumbarse. No nos acostumbremos al caos y a las catástrofes; construyamos el bien común. 

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