Autores: Raquel Castañeda Ibarra & Idi Amin Germán Silva

El tabaquismo representa un gasto directo para los fumadores y un desembolso importante de recursos públicos por la lucha contra sus consecuencias. 

Un fumador gasta un promedio de 283 pesos mensuales en la compra de cigarros (ENCODAT 2016-2017). Mientras que se estima un desembolso equivalente a 570 mil millones de pesos anuales en gasto sanitario por enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco (forbes.com).


Consumo de tabaco en México

Según los resultados de la “Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2016-2017”, el 17.6% de la población entre 12 y 65 años de edad en México fuma tabaco. Esto quiere decir que existen cerca de 15 millones de fumadores mexicanos, de los cuales el 79% son hombres y el 21% mujeres. Del total de personas que fuman, el 37% lo hace diariamente con un consumo promedio de 7.4 cigarros al día.

El 98.4% de los fumadores está consciente de que fumar tabaco provoca enfermedades graves. Adicionalmente, el 73.6% de los fumadores tiene interés en dejar de fumar. No obstante lo anterior, aunque el 56.1% intentó dejar de fumar durante 2017, tan sólo el 16.3% lograron abandonar el cigarro (ENCODAT 2016-2017).

El nivel de dependencia del fumador con respecto a la nicotina puede medirse con el tiempo que tarda en encender el primer cigarro del día.

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En este sentido, 1.8 millones de fumadores mexicanos enciende su primer cigarro dentro de los 30 minutos siguientes a levantarse de la cama.

El consumo de tabaco no sólo se limita a los fumadores. Según la ENCODAT 2016-2017, más de 9.8 millones de mexicanos no fumadores declararon estar expuestos al humo de tabaco de segunda mano.


El cigarro se rejuvenece

La Organización Mundial de la Salud (OMS) promovió en el año 2003 la firma del Convenio Marco para el Control del Tabaco (CMCT). Dicho convenio fue firmado por México y considera medidas que buscan la disminución del consumo del tabaco, tales como el incremento en el impuesto que grava su consumo, creación de áreas libres de humo, advertencias de daño a la salud en publicidad y cajetillas, prohibición de todo tipo de publicidad que incite a fumar.

La consultora Euromonitor Internacional estima que la comercialización legal de cigarros en México disminuyó un 35% durante el periodo de 2005 a 2013, posterior a la firma del CMCT. Sin embargo, dicha tendencia ha sido revertida en los últimos cuatro años, principalmente por los fumadores con edades entre 15 y 24 años.

De acuerdo con datos de la Comisión Nacional contra las Adicciones (CONADIC), los fumadores entre 18 y 24 años representan el 27% del mercado; un segmento muy atractivo con potencial de incremento. Por ello, la industria tabacalera ha enfocado su fuerza de ventas en los jóvenes y las mujeres. Es evidente el éxito en la captación de nuevos fumadores, pues la edad promedio de inicio en el consumo se ha reducido a 16.5 años.

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Fumar con dispositivos electrónicos

Con el mismo objetivo de diversificar el mercado y atacar el segmento juvenil, se han lanzado a la venta variedades de cigarros electrónicos. Con una imagen sofisticada e innovadora y el argumento de menores daños a la salud, han logrado cautivar a muchos fumadores, incluidos algunos jóvenes principiantes.

El mercado del cigarro electrónico es sumamente rentable para la industria tabacalera. Ocho de las empresas tabacaleras más importantes a nivel internacional ya tienen su propia marca de cigarro electrónico. El analista Bonnie Herzog estima que la venta de cigarros electrónicos representa un negocio de 10 mil millones de dólares, tan sólo en Estados Unidos.

Son pocos los estudios que han analizado el impacto de los cigarros electrónicos en la salud de sus fumadores, pues a pesar de utilizar vapor de agua, la mezcla incluye nicotina con otras sustancias químicas; adicionalmente, hay quienes lo mezclan con marihuana.

Por todo lo anterior, es urgente que se legisle el uso del cigarro electrónico, que ha quedado fuera de las regulaciones aplicables al cigarro convencional, afectando el cumplimiento de los objetivos planteados por la OMS.


El tabaco consume

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha clasificado al consumo del tabaco como la principal causa de mortalidad evitable en el mundo. Según cifras de la OPS, cada año mueren 4 millones de personas en el mundo a causa del tabaco, lo que equivale a una muerte cada 10 segundos.

En el mismo sentido, la OMS señala a la industria tabacalera como la que provoca el mayor número de muertes entre sus consumidores. La mencionada organización estima que el tabaco mata a más de la mitad de sus consumidores.

Estudios avalados por la CONADIC revelan que el humo del tabaco contiene más de 7 mil sustancias químicas, de las cuales más de 50 son cancerígenas. Una parte de estas sustancias químicas provienen de la hoja del tabaco, pero el resto se crean como reacciones químicas al momento de la combustión del cigarro.

Pero el tabaco, además de consumir vidas, también acaba con una buena parte del presupuesto público. En México, el consumo del tabaco está gravado con el 67.29% de impuesto en promedio sobre el precio del producto; dicho gravamen incluye el Impuesto Especial Sobre Productos y Servicios (IEPS) y el Impuesto al Valor Agregado (IVA).

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A pesar de ser alto, el porcentaje es inferior al mínimo recomendado por la OMS del 70% y muy lejano del establecido por países como Chile (84%) o Finlandia (89%). Adicionalmente, pudiéramos pensar que el impuesto recaudado es suficiente para cubrir el gasto sanitario relacionado con las enfermedades causadas por el consumo del tabaco, pero no es así. El impuesto al tabaco sólo cubre el 47% del presupuesto utilizado en enfermedades directamente relacionadas con su consumo.

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Defender la vida

Tal como lo mencionó el Papa Francisco en la Conferencia Mundial Sobre Atención Primaria de la Salud 2018, “La salud no es un bien de consumo, sino un derecho universal”. Todos debemos de ejercerlo, pero también vigilar que sea ejercido por los demás.

Los organismos internacionales y el Estado promueven el derecho a la salud, pero si no sumamos el esfuerzo de todos, las disposiciones y leyes son letra muerta. Todos debemos tener acceso a la salud en primera instancia, para luego promoverla en nosotros y nuestros semejantes.

En cuestión de salud, la preocupación no debe limitarse al acceso a la atención médica y la entrega de medicamentos, sino elevarse a la protección de la vida de la persona y de su familia.

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