Este día, Jesús aparece a sus discípulos en el Cenáculo trayendo tres dones: paz, alegría, la misión apostólica…” Esto fue algo que comentó el Papa Francisco el día de hoy en el “Regina Coeli” de este segundo Domingo de Pascua, mismo que celebramos como “El Domingo de la Divina Misericordia”.


Previo a comenzar el Regina Coeli, el Papa exhortó a acercarnos a Cristo Resucitado para que Él nos guíe; dijo: “estamos invitados a acercarnos a Cristo con fe, abriendo nuestros corazones a la paz, la alegría y la misión, que es el anuncio de la misericordia divina, testimonio alegre de su amor que se transforma y redime. El Espíritu de Cristo Resucitado -nos- guíe y sostenga siempre la acción apostólica de la Iglesia, conservando fieles a su vocación a los obispos, sacerdotes, personas consagradas y todos los fieles bautizados”.

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Tres dones para todos

El Papa, recordando el Evangelio de hoy nos dice que, en el día de Pascua, Jesús aparece a sus discípulos en el Cenáculo trayendo tres dones: paz, alegría, la misión apostólica.

El don de la Paz

Las primeras palabras que dice Jesús a los apóstoles son: "La paz sea vosotros". El Señor resucitado, trae paz auténtica, porque a través de su sacrificio en la cruz ha logrado la reconciliación entre Dios y la humanidad y ha vencido el pecado y la muerte. Comentó el Papa: “Sus discípulos eran los primeros que necesitaban esta paz, porque, después de la captura y la sentencia de muerte contra el Maestro, habían caído en el desconcierto y el miedo. Jesús se aparece vivo entre ellos y, mostrando sus heridas en el cuerpo glorioso, da la paz como el fruto de su victoria”.

El don de la Alegría

El segundo don que el Jesús resucitado trae a los discípulos es la alegría. El evangelista escribe que "los discípulos se regocijaron al ver al Señor". El Santo Padre afirma que el tiempo de Pascua es un momento de alegría, por lo que la liturgia nos hace repetir continuamente: "Este es el día del triunfo del Señor, regocijémonos y alegrémonos". La resurrección de Jesús, es la razón más grande de nuestro gozo; Él ha destruído los obstáculos y las fuerzas negativas del mundo, que nos impiden ser felices. Así, nuestra existencia, gracias a su muerte y resurrección, se caracteriza por la positividad y la esperanza, y esto para nosotros es una razón de verdadera alegría.

El don de la Misión

Para cerrar el Papa Francisco dijo que además de la paz y la alegría, Jesús también presenta la misión a los discípulos. Él les dice: "Como el Padre me envió, también yo os envío". 

La resurrección de Jesús es el comienzo de un nuevo dinamismo de amor, capaz de transformar el mundo con el poder del Espíritu Santo.

Este amor se extendió a través de los apóstoles y sus sucesores, pero también a través de todos los demás fieles. De hecho, el Jesús resucitado confía la tarea de anunciar el maravilloso evento de su resurrección a cada cristiano. Cada persona bautizada está llamada a transmitir los dones divinos de paz y alegría, continuando así la misión salvadora de Jesús en el mundo, cada uno de acuerdo con su propia vocación”.


Nota adaptada del artículo “Papa: “abramos nuestros corazones a la paz, la alegría y la misión”” de autoría de Patricia Ynestroza, desde la ciudad del Vaticano; y puedes leerlo en la página de Vatican News.

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